Noticia
Directrices de la Organización Europea de Ictus (ESO) sobre la discapacidad visual en el ictus
23 de septiembre de 2026
Los problemas visuales son muy frecuentes tras un ictus: pueden afectar hasta a 3 de cada 4 supervivientes, y aproximadamente el 60 % estarían directamente relacionados con el ictus. Sin embargo, tanto las propias personas como los profesionales pueden no detectarlos.
Las alteraciones pueden afectar a diferentes funciones:
- Movimientos oculares, provocando visión doble o dificultad para fijar y seguir objetos.
- Visión central, reduciendo la claridad de lo que se ve.
- Campo visual, produciendo pérdida de parte de la visión periférica.
- Atención visual, como ocurre en la negligencia espacial.
- Procesamiento visual, dificultando interpretar o reconocer colores, objetos o personas.
Las guías recomiendan realizar un cribado visual temprano, idealmente entre los 3 y 4 días posteriores al ictus, mediante una herramienta validada o la valoración de un equipo especializado.
El tratamiento debe adaptarse al tipo de alteración. Puede incluir estrategias de exploración visual para compensar pérdidas del campo visual, corrección óptica, tratamiento específico de los trastornos oculomotores e intervenciones individualizadas para la negligencia y las alteraciones perceptivas.
La atención debe ser multidisciplinar, coordinando a los equipos de ictus, terapia ocupacional, neuropsicología y profesionales especializados en visión (ortoptistas, oftalmólogos y optometristas).
Idea clave: la ausencia de una queja visual no significa que la persona vea con normalidad. Después de un ictus, es necesario buscar activamente las alteraciones visuales, porque pueden afectar directamente a la autonomía, la comunicación, la participación y la rehabilitación.
Ajustes visuales
